De paseo por La Encarnación

por Domingo A. Siliceo

Hola a todas y todos de nuevo.

Cuando la semana pasada digitalicé las diapositivas de la salida que hicimos por Letur un grupo de colegas, aproveché para digitalizar también las placas de otras dos salidas y guardarlas en el ordenador esperando pacientemente su momento de ser procesadas y mostradas; éstas que os traigo ahora, de fecha 16 de Octubre, son de otro paseo en solitario por la pedanía caravaqueña de La Encarnación, núcleo rural muy pequeñito junto al río Quípar, que aúna en su paisaje manchas dispersas por aquí y por allá de bosque mediterráneo entre doradas áreas onduladas de campo puramente castellano, un sitio ideal para perderse unos días con los primeros fríos del otoño y descansar en silencio casi absoluto al caer la tarde, oliendo a miel y leña, bajo un cielo negro negrísimo, limpio limpísimo.

Según me contó un parroquiano que salió a mi encuentro y se paró a hablar conmigo durante mi paseo, al tiempo que me indicaba hacia dónde caminar para hallar los rincones más pintorescos de la zona, las tierras en las que se aposenta La Encarnación pertenecían ya a principios del siglo XX a un farmacéutico de Murcia que, junto su mujer y las hermanas de ésta, partieron en algún momento del siglo XIX a hacer fortuna en Cuba. Pero tras el desastre colonial de 1898, volvieron a su grandiosa finca de Caravaca de la Cruz con el fin de vivir en ella y de ella. Este hombre que buscó la fortuna en ultramar —y de quien no he sabido encontrar nada en internet— al irse haciendo mayor y ver su vida resuelta, fue generosamente regalando a sus trabajadores parcelas de tierra como premio por jubilarse de la dura vida en el campo.

Sin embargo, algunas partes de su finca las cedió al municipio. Tal es el caso de la ermita que podéis ver en la primera imagen, ermita que mandó construir para poder enterrar a su mujer y dos hermanas cuando llegase el momento; si uno entra en la pequeña capilla puede ver en la parte central de la nave sus tres lápidas en el suelo, una al lado de la otra.

Sea como fuere, aquel parroquiano que salió a mi encuentro, y cuya mujer desciende directamente de la familia del farmacéutico, dice conservar en su casa por herencia libros viejísimos «cuyas páginas se deshacen en polvo si las quieres tocar» y que demuestran de principio a fin toda aquella historia que me contó paseando por La Encarnación una tarde de mediados de Octubre de 2015.

De aquel paseo al caer la tarde y de apenas dos horas de duración me traje un total de cuatro clisés que, como podéis observar con facilidad si os fijáis en las sombras más profundas, poseen los mismos fallos de proceso que apunté en mi entrada referida a Letur. Una verdadera lástima.

En cualquier caso, creo, unos simples errores de fotógrafo aficionado no deberían estropear una fructífera caminata sazonada con una interesante historia de viajes y modos de vida que, claramente, son de otra época, ¿no creéis?

Ojalá os gusten las fotografías.

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Gracias por leer y mirar.

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