Paro forzoso

por Domingo A. Siliceo

Hola a todas y todos de nuevo.

El sábado pasado, mientras intentaba subirme al altillo en el que guardo los productos químicos con la intención de comprobar el nombre exacto con el que Manuel Riesgo vende el Alumbre de Potasio, el débil taburete de aluminio en el que estaba izado cedió con un fuerte crujido, yéndome bruscamente al suelo. Todo ello con tal mala suerte que —imagino, ya que lo sucedido no está claro en mi memoria— inconscientemente intenté amortiguar la caída sujetándome de alguna manera a ese altillo provocando, así, que el mueble se me viniera todo encima y se estampase con un ruido ensordecedor contra mi tobillo de la pierna derecha.

El resultado, un corte que necesitó de cuatro grapas y dos huesos cuneiformes del tobillo rotos.

Mi mujer me llevó rápidamente a urgencias del Hospital de la Vega Baja, en San Bartolomé, donde me atendieron maravillosamente dos enfermeras encantadoras y un traumatólogo obsesionado con operarme esa misma tarde, amén de un cirujano que fue quien firmó el alta y me advirtió de las revisiones obligatorias y de los posibles peligros si no me cuidaba el tobillo durante las próximas seis semanas, tiempo aproximado que voy a pasar escayolado.

Es por ello que, unido al intenso calor del verano donde vivo —tiempo casi inútil para poder hacer fotografía en la calle por la escasez de horas, las altas temperaturas y la baja calidad de la luz—, no voy a actualizar el blog hasta, muy probablemente, Septiembre.

Espero entonces tener todo en orden y poder dedicar al blog el tiempo, el esfuerzo y el cariño que él y todos los que me leéis os merecéis.

Gracias por estar ahí.

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