Kodak Vision2 250D + D-23 -> 50 ISO (blanco y negro)

por Domingo A. Siliceo

Hola a todas y todos de nuevo.

Tengo en la parte alta de mi nevera una bobina con 122 metros —bueno, ya alguno menos— de película Kodak Vision2 250D (PDF, en inglés) caducada hace algún buen año que otro. Mi idea primera cuando la compré fue probar a conseguir esos maravillosos y delicados colores que esta película llega a dar si se procesa como C-41, pero el paso del tiempo, el precio de los químicos para procesar negativo color y alguna mala experiencia con la durabilidad de esos químicos, han hecho que yo desista de aquella idea original y que la bobina quede olvidada en algún rincón del frigorífico y de mi pensamiento.

De hace poco tiempo a esta parte también ha sucedido que mi niña pequeñaja me ha pedido una cámara de carrete para salir a hacer fotos conmigo; claro, la cámara para ella ha de ser de 35mm. Pero resulta que yo quería, definitivamente ya y para siempre, deshacerme de la poca película en paso universal que me quedaba almacenada en el congelador. Con la colaboración voluntaria de una Werlisa Color —cuyo gran visor dispara al aire con el mismo desparpajo con el que muestra espectacularmente la realidad acotada gracias a la corrección dióptrica que incorpora— recuperada del trastero funcionando perfectamente y de la que mi niña se ha encaprichado, como me he quedado sin carretes normales, voy a montar algunos chasis recargables con la Vision2 para que ella y yo podamos salir en fin de semana a hacer unas cuantas fotos y a que ella me conceda el inmenso honor de explicarle los fundamentos básicos de una cámara de fotografiar sin automatismos.

werlisa certex 1963

 

Los datos técnicos de las tomas que os presento un poquito más abajo, por si os interesan, son: película Kodak Vision2 250D —luz de día, como indica la «D» tras el «250» (en caso contrario sería una «T» para designar «Tungsteno»)— expuesta como ISO 50 y procesada con D-23 (dil. 1+1) durante 11 minutos a 21°. La cámara con la que hice las fotos, la Minolta Hi-Matic 9.

La famosa y puñetera remjet que incorporan estas películas pensadas para cine no da ningún problema relacionado con el tratamiento en blanco y negro, pues da la impresión que el revelador —un revelador muy sencillo de sólo dos componentes: metol y sulfito de sodio— la disuelve, eliminándose muy probablemente casi por completo con dos o tres aclarados. Los restos que puedan haber, se pueden limpiar al final del procesado mediante un trapo de algodón suave empapado con unas gotitas de cristasol y frotando con él la tira de negativos por el lado contrario a la gelatina una vez estemos bien seguros está seca —no, no os asustéis: la remjet está en la cara opuesta de la emulsión, por lo que al frotar con limpiacristales en ningún momento estoy atacando a la gelatina—; el color anaranjado de la base no supone obstáculo alguno al digitalizar los negativos, por lo que no hay que obsesionarse.

Uno de los grandes temas fotográficos que me atraen, me motivan y me apasionan es el de la playa deshabitada, vacía y en completo silencio. Esta situación excepcional se da casi únicamente en invierno, momento en el que los días, igualmente, acompañan aquella desacostumbrada circunstancia brillando con una luz sencillamente única y especial.

Bajar a la playa fuera de cualquier temporada me permite disfrutar de la mar como a mí me gusta: sin agobios, sin gente maleducada, sin extranjeros del centro de la península con extrañas costumbres, sin papeleras que rebosan, sin sillas ni mesas ni olor a comida hecha el día anterior, sin gritos… Hay pocas cosas más confortables en este mundo absurdo que el inmenso silencio de la playa a la luz del sol en Febrero.

Espero os gusten los resultados.

campoamor vision2 byn b&w

 

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campoamor vision2 byn b&w

 

Mientras paseaba haciendo las fotos que habéis visto —y alguna más que no debería haber tomado: cosas de llevar demasiada película en la cámara—, me encontré trabajando, caballete armado y fijado sobre un llano rocoso accesible sólo gracias a la mar en calma, a Vicent Penya-Roja, un pintor castellonense que vive desde hace poco por estas tierras, junto la costa, al sur de la provincia de Alicante.

Con su conformidad me acerqué y estuvimos charlando un rato mientras él terminaba un «apunte» al óleo sobre una tablilla que debía medir poco más de veinte o veinticinco centímetros de ancho por unos cinco centímetros de alto. Con el sol que empezaba a estar alto y a calentar demasiado para sus colorantes disueltos en aceite secante, mientras charlábamos ligeramente de esto y de aquello relacionado con la pintura y la comercialización de ésta a través de galerías, le pedí permiso para hacerle una foto: esta que os muestro a continuación.

pintor Vicent Penyaroja

 

Gracias por mirar y leer.

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