¿Imprimiría yo esa fotografía?

por Domingo A. Siliceo

Hola a todas y todos de nuevo.

Ultimamente, cada vez hago menos fotos. No sé muy bien por qué —tampoco es que me haya vuelto tan exquisito, no os vayáis a pensar—, pero la realidad es que en todo el verano apenas habré expuesto ocho o diez fotografías con la Rolleicord si exceptuamos el rollo que tiré para el postrer intercambio de postales del foro FADU, las placas de cuatro por cinco pulgadas que obtuve de mi última visita a la casa de huerta que Fran tiene en Villajoyosa —ya os las enseñaré en otra entrada— y, eso sí, los muchos rollos de Fomapan con los que estoy intentando obtener diapositivas en blanco y negro, asunto con el que estoy ya durante todo este mes de Septiembre y que me tiene algo desquiciado.

La razón de tan pocas fotografías, si es que acaso hay que buscar alguna, se puede deber a que cada día tengo más formada la opinión de que, más allá de un simplista modo amateur, casi siempre es innecesario exponer un clisé si no hay un fin para ello. No, no soy un talibán: dejadme que os cuente.

Un día a mediados del pasado mes de Junio, por poner un ejemplo reciente, aprovechando que tenía un par de horas muertas salí a pasear un rato con la intención final de dirigirme a la Biblioteca María Moliner, alojada en el antiguo pero muy acertadamente restaurado hospital San Juan de Dios, en Orihuela, y que arquitectónicamente da el juego de unas paredes muy blancas y prácticamente lisas, un pequeño patio central dispuesto como un sencillo y austero claustro, con una fuente en medio y un tejado que, visto desde dentro del edificio, ofrece la visión de unas poderosas vigas de madera y la perspectiva de su altura.

Yendo hacia la bilioteca, pasando por la glorieta Gabriel Miró, en una calurosa y soleada mañana, había un hombre de color paseando con su hija junto las escalinatas del viejo quiosco, edificio destinado a la actuación de las bandas de música construído en… —por ser internet como es, hay diferentes fechas en cuanto a cuándo se construyó ese templete o pabellón, yendo éstas desde finales del siglo XIX a la década de los 20 ya en pleno siglo XX; y yo no sé cuál es la verdadera o ni tan siquiera la más atinada—. El asunto es que había en aquel lugar una composición que daba seguramete mucho juego fotográfico. Desde la distancia, al ver el motivo y la posible composición, me planté hacer la foto. Pensé en acercarme con tranquilidad intentando no estropear el momento y exponer. Medí la luz desde la distancia, justo desde el sitio en que fui asaltado por la idea de hacer la foto, tramé dos otres posibles encuadres… y entonces, involuntariamente, de manera refleja me pregunté: ¿imprimiría yo la foto resultante?

Imagen externa

Kiosco en la Glorieta Gabriel Miró, Orihuela

La verdad es que no, de ninguna manera, porque aquel hombre que paseaba por allí plácidamente con su hija en brazos no era nadie para mí y no veía ningún sentido a tener una foto en la cual él fuese el protagonista. Entonces, si tengo claro que no la voy a imprimir, ¿para qué voy la voy a exponer? Y no estoy apelando al coste económico del cliché —quien quiera comprar relativamente más barato, puede comprar Foma a muy buen precio y podrá despreocuparse en buena medida del coste de la imagen—: yo hablo del motivo de la fotografía, del negativo como medio y no como fin.

Puedo ser algo radical en mi planteamineto, lo sé, pero para mí es un fuerte planteamiento cargado de lógica y de razón teniendo siempre en cuenta mi objetivo final: tener una foto positivada en papel.

Quizás aquellos que prefieren la digitalización como destino final de las imágenes no tengan tanto reparo —o escrúpulos— en tirar película, en un flujo de trabajo tendente más a lo digital —por no discriminar a la hora de obturar y por la muy probable falta de criterio en el sujeto de la toma— que a lo químico.

Imagen externa

Sala infantil biblioteca María Moliner, Orihuela

Imagen externa

Interior biblioteca María Moliner, Orihuela

 

¿Qué sentido tiene exponer un negativo si no sentimos el motivo, si no somos capaces de imaginar un posible resultado final para aquella escena que se muestra frente a nosotros?

Luego me sobrevino la posibilidad de escribir sobre esto mismo e hice la fotografía para ilustrar la entrada, con el resultado que podéis ver arriba.

Gracias por leer.

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