Sobre el negativo

por Domingo A. Siliceo

Hola a todas y todos de nuevo.

Hace ya algún tiempo que vengo pensando en escribir una entrada sobre este tema, pero por algún oscuro motivo no ha sido hasta ahora que me he decidido a hacerlo. Si esto fuese un diario privado a la antigua usanza, de aquellos que se escriben en una libreta de hojas blancas encuadernada con bonitos florales detalles y que se atesoran bajo llave en algún disimulado cajón de la habitación, no habría ningún problema, pero, claro, este espacio no es privado sino que cualquier persona en cualquier momento, queriéndolo o no, puede llegar y leer lo que hay escrito. Y ese alguien podría ofenderse, y nada está más lejos de mi intención que ofender a alguien. Vaya esto por delante con la firme intención de dejarlo claro.

Hace ya algún tiempo que vengo pensando en escribir sobre la diferencia que hay entre «negativo» e «imagen final» porque tengo la sensación —adquirida en la lectura de otros blogs, foros, etc.— que muy poca gente diferencia entre ambos conceptos. Es un error muy extendido, casi diría que incrustado en el pensamiento de aquellos que nos dedicamos a la fotografía, el traslapar de forma inconsciente las ideas de «negativo» y de «imagen final».

¿Qué quiero decir con esto? Pensemos un instante e intentemos responder la siguiente pregunta: ¿cuál es la diferencia entre un negativo y la imagen final que de ese negativo se obtiene?

Siempre desde mi punto de vista y la interpretación que yo hago de los hechos, la respuesta corta sería «mucha y muy distinta en el tiempo». La respuesta larga, por si alguien está interesado en lo que yo pienso, sería que el negativo no es más —ni tampoco menos— que la representación que el fotógrafo hace intencionadamente de algo que ocurre una sola vez y en un único instante de tiempo, mientras que la imagen final es la interpretación que alguien —bien el propio fotógrafo, bien cualquier otra persona— hace de aquél negativo muchas posibles veces y en instantes de tiempo potencialmente infinitos. Por lo tanto, es para mí un error de base pensar que el negativo y la imagen final son equivalentes.

Ergo, ¿por qué demonios hay tan poco interés en exponer el negativo de manera que nos pueda servir siempre para cubrir cualquier interpretación posible, nuestra o ajena, del momento capturado?

La exposición de la película es básica para, en conjunto con el revelado, conseguir una pieza física que almacene con el mayor detalle y con el mayor rango dinámico posible todo lo que compone la escena que está siendo captada. Por lo tanto, es muy importante y hay que ser muy cuidadoso y conocer todos los elementos que influyen en la toma —objetivo, fotómetro, película, revelador…— para ejecutar la mejor exposición posible y que el conjunto pueda ser reproducido tantas veces como sea preciso.

El positivado es mucho más libre e incita a la experimentación, pero si castramos la capacidad del negativo poniendo, por ejemplo, un filtro rojo que aumente el contraste, estaremos restringiendo la capacidad de reproducción del cliché. ¿Acaso no es posible aumentar el contraste de la copia —toda o por partes— usando filtros bajo la luz de la ampliadora? Entonces, ¿por qué usar filtros delante del objetivo?

Debemos ser generosos con nosotros mismos —porque cambiamos y, con los cambios, interpretamos la realidad de maneras distintas— y con los demás y permitir que un negativo no sea esclavo del instante en el que decidimos apretar el botón y obturar nuestra cámara: un negativo nos sobrepasará y dejará en herencia aquel instante que ocurrió una sola vez.

Gracias por leer.

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