Fotografía tradicional y personal

ByN en proceso inverso. Otros intentos.

Hola a todas y todos de nuevo.

He de reconocer que fui muy pretencioso al suponer que con sólo usar un par de rollos de película iba a poder ajustar cantidad de químicos, temperatura y tiempos de proceso a mis necesidades en el intento de conseguir diapositivas a partir de película convencional en blanco y negro. Después de esos dos rollos han hecho falta hasta cinco rollos más —en este caso de Fomapan 100, una película con muy buen resultado por lo que había leído— para dar con una combinación de parámetros suficiente. Esto no quiere decir en absoluto que «suficiente» equivalga a «buena», ¡ni mucho menos a «ideal»!: «suficiente» significa que puedo enseñar lo que hay y que es, ante todo, un punto de partida sabiendo que ya no estoy en el aire.

Como digo, para este segundo intento —segundo para vosotros, pues entre el primero y este segundo oficial hay varios intentos oficiosos de los que no hay demasiado que contar—, me he basado en gran medida de la entrada de en su blog «My reversal process».

Si os sirve como truco, para ahorrar, he partido el rollo de Fomapan en dos sacrificando una imagen con toda seguridad, pero es una manera más económica de poder probar en caso de necesidad dos métodos con un solo rollo. Si queréis, creo que incluso se podría llegar a cortar en tres trozos cada rollo de 120 con el fin de economizar aún más durante las pruebas que vayáis haciendo. Mientras medio rollo de 120 esperaba dentro del tanque a ser procesado, la otra mitad descansaba en el fondo de un cajón dentro de una bolsa negra de esas en las que viene protegido el papel que utilizamos para positivar.

El resultado, mi primer resultado, un sencillo fotograma en uno de esos medios rollos, es este:

Imagen externa
Revelador: Dektol, objetivo: 3.5/75mm Xenar
Glorieta Gabriel Miró, Orihuela

 

Desde luego, la Rolleicord funciona muy bien, ¿verdad? Sí, ya sé que el resultado es muy mejorable, pero la intención de mostrar esta diapositiva aquí no es otra que la de ofrecer que, después de varios intentos, el método sí funciona; las fotografías interesantes ya llegarán… o no.

El fantasma que se puede ver abajo y a la izquierda de la diapositiva es debido a la baja velocidad de obturación —ya estaba cayendo la tarde—, pero del edificio del fondo podemos contar hasta las piedras o los tablones de la ventana. Puede ser que para una sencilla digitalización el resultado sea más que suficiente, pero las deficiencias seguramente serían muy evidentes en un proyector. El punto quemado que se puede apreciar en el margen derecho creo recordar que era un foco halógeno que ya estaba encendido.

El revelador utilizado en esta caso ha sido Dektol. Los fotógrafos de prensa utilizaban Dektol —o D-72, que es lo mismo— diluído 1+2 durante tres minutos ó 1+6 durante siete minutos para revelar rollos o placas hace años. Yo lo he usado porque aparecía recomendado en el enlace citado al principio como de buen resultado en combinación con la Fomapan 100. Es, además, un revelador Metol—Quinona económico, fácil de preparar y que resiste bien el almacenamiento por un tiempo razonable.

El blanqueado, la madre del cordero en este proceso, ha sido

     ácido sulfúrico puro       7 ml.
potasio permanganato   1,4 gr.
agua hasta   700 ml.

El aclarado, un paso mucho menos problemático que el blanqueado, pero no por ello menos importante, 20 gramos de Sodio Metabisulfito en 700 ml. de agua.

Seguridad

Este apartado es obligatorio aquí y ahora. Por favor, prestad un minuto de atención.

Todos los que nos preparamos en casa los reveladores, los fijadores, los viradores y cualquier otro químico para usar en fotografía estamos más o menos acostumbrados a tratar con compuestos que casi siempre tienen un punto arriesgado y potencialmente nocivo. La Hidroquinona, el Metol, los derivados del potasio, el Catechol… todos encierran de una manera u otra un peligro con el que la cautela es una obligación.

Pero con el proceso de revelado inverso nos encontramos con algo que son palabras mayores: el ácido sulfúrico no es ninguna broma. No podéis manejar el ácido sulfúrico si no sois conscientes de qué estáis haciendo. Nunca os confiéis. Permitidme unos consejos:

  1. usad guantes y tened siempre al lado un grifo de fácil acceso que funcione
  2. nunca volquéis el agua sobre el ácido: nunca. Es el ácido el que se debe diluir dentro del agua, poco a poco y evitando que salpique
  3. manejad el ácido siempre con comodidad y espacio vacío alrededor para evitar accidentes propios o ajenos
  4. lavad los utensilios con agua abundante en cuanto los uséis para evitar que alguien los toque por equivocación o que dejen gotas incontroladas
  5. si notáis escozores o picor, lavaos inmediata y abundantemente con agua del grifo la zona irritada. Si la molestia es en los ojos no os los frotéis bajo ningún concepto; id a la ducha y con agua fría bañad el ojo abierto durante al menos veinte minutos. Luego dejadlo todo y acudid al oftalmólogo

Si no conocéis el ácido sulfúrico, preguntad antes de usarlo. Buscad tiempo y leed también con el tiempo y la dedicación necesaria este pequeño documento explicativo que habla con conocimiento de mucho de lo que os he advertido antes.

El Metabisulfito de Sodio también puede ser nocivo para vuestra salud, ya que los vapores que de él emanan al disolverlo en agua os pueden provocar problemas respiratórios si sois asmáticos o sufrís inconvenientes pulmonares.

Por favor, si no sabéis cómo manejar estos productos químicos leed e informaros sobre su peligrosidad y buscad protección siempre.

Explicación del proceso para obtener diapositivas

esquema proceso

 

El gráfico que véis arriba es un esquema del proceso que nos lleva a obtener diapositivas desde una película tradicional de blanco y negro. Os lo explico a continuación:

  • «R1» es el primer revelado. En mi caso he utilizado Dektol, aunque en la red se relata el uso de otros reveladores, algunos de papel —Dokumol—, otros de película —Rodinal—. En cualquier caso, la aceptación mayoritaria parece ser el usar un revelador para papel.

    Lo que hice para ahorrar tiempo y químicos fue preparar 700ml. de Dektol sin diluir; estos 700 ml. los utilicé directamente como primer revelador. Al terminar este primer revelado, en vez de deshechar el revelador, reservé 200 ml. con el objeto de diluirlos en 1+3 añadiendo agua hasta formar 800 ml. Esta solución la utilizaría más adelante como segundo revelador —«R2»—.

    Fomapan es una emulsión muy delicada como ya he podido comprobar otras veces, así que ajustad los tiempos en el blanqueado y en el aclarado si fuese necesario, pues la película se descompone —literalmente— con mucha facilidad.

  • «Bl» es el blanqueado —o «bleaching»—. Un blanqueado erróneo conduce sin remisión a la falta de resultados, bien sea porque la película se cuartea, bien porque la emulsión se diluye —no es broma—. El blanqueado depende de la combinación temperatura/tiempo y de la cantidad y proporción de los químicos que lo componen. Cada película es diferente y responde de manera óptima a los dos factores mencionados —temperatura/tiempo y químicos— de modo único.

    Lo normal será que para la película que elija cada uno se hagan pruebas variando esos factores con el fin de obtener los mejores parámetros posibles.

    Esta solución es más o menos económica, así que no os duela desecharla al final de cada película tratada con ella aunque por internet se pueda leer que es reutilizable algunas veces. En mi opinión, los riesgos no compensan.

  • «Ac» es el aclarado —o «clearing»—. El objeto de este paso es la completa eliminación de las sales de plata semisolubles que quedan sobre la base después del blanqueado.

    Una vez lavada la película después del blanqueo ya podemos abrir el tanque y observar la película —no a pleno sol; una luz ténue pero suficiente puede valer—. Si miramos en este punto el cliché podemos comprobar si se dan algunos de los factores adversos del blanqueo o bien la ausencia de problemas. Si hemos blanqueado mal, al lavar el negativo después del aclarado, veremos cómo la película sale desecha del tanque mezclada con el agua de los lavados.

    Por el bajo coste de esta dilución, preparadla fresca para cada rollo o carrete que tratéis.

  • el rayo representa la segunda exposición. Esta segunda exposición se debe hacer de manera controlada, es decir, sabiendo que para la película que estamos utilizando exponemos el negativo a una fuente de luz de unos watios determinados a una distancia conocida y durante un tiempo controlado.

    Por ello, creo que es buena idea abrir el tanque en una habitación en la que hayamos preparado una bombilla de 100 watios, por ejemplo, y en la que no entre la luz del sol —la exposición a los rayos ultravioleta es mala para obtener unos resultados bonitos porque afecta directamente a la densiad final de la imagen formada—.

    Tened en cuenta que, por efecto de la química que hemos aplicado sobre los haluros de plata de la película, la sensibilidad de ésta —el ISO— ha caído significativamente.

  • «R2» es el segundo revelado. Aquí vamos a utilizar la dilución que preparamos con el revelador sobrante del primer revelado —«R1»—.

    Como todos los revelados, este es por supuesto importante, pero al poder tener la pellicula a la vista se puede ir abriendo el tanque de tanto en tanto con total tranquilidad y, cuando observemos que los márgenes del cliché estén negros, parar de revelar.

  • «Fi» es el tradicional fijado. Poco que decir ya a partir de aquí porque ya está todo el trabajo hecho. Usaremos un fijador con endurecedor y fijaremos como siempre. Si no tenéis endurecedor a mano, podéis fijar sin él pero hay que tener en cuenta que la emulsión puede irse enganchada a cualquier cosa que presione ligeramente sobre ella —nuestros dedos, por ejemplo, o la espiral si no extraemos la película limpiamente—. Si habéis fijado sin endurecedor debéis prestar mucha atención al secado y esperar a que la película esté absolutamente deshumedecida antes de manipularla.

    Recordad que podéis abrir el tanque siempre que queráis para comprobar cómo va el asunto.

  • «Hu» es el mismo humectado que realizamos con el negativo tradicional de blanco y negro. Un minuto y a colgar el negativo… perdón: el positivo.
     
  • «lv» representa cada vez que lavamos la película dentro del tanque. Yo he utilizado el método propuesto por Ilford de lavado para película y me ha sido suficiente. Es fácil comprobar en el paso del blanqueado cómo este método es suficiente ya que el agua, de color negro/morado, sale transparente después de las últimas veinte vueltas que propone Ilford. Pero si dudáis, dadle otras veinte vueltas adicionales con agua nueva y ya está. Por si os sirve de pista o referencia, para la película Fomapan 100, el agua sale azulona tras el primer y segundo ciclo de lavado, siendo transparente tras el tercero.

    Este proceso de enjuagar requiere una gran cantidad de agua en su conjunto —yo he calculado sobre los veinte litros de agua adecuada—, por lo que hay que prever este hecho y tener una buena reserva a mano.

Otros resultados, posteriores al primero que os he mostrado y de otro medio rollo. Las características son algo diferentes.

Imagen externa
Revelador: D-19, objetivo: 4.5/85mm Apotar
Orihuela desde el monte San Miguel

 

Imagen externa
Revelador: D-19, objetivo: 4.5/85mm Apotar
Subida al Seminario, Orihuela

 

Imagen externa
Revelador: D-19, objetivo: 4.5/85mm Apotar
Seminario, patio de atrás, Orihuela

 

Y ahora, ¿qué?

(Gran sonrisa que desgraciadamente no podéis ver)

En una página de APUG he podido leer la estructura de proceso que Orwo recomienda para el revelado inverso de películas en blanco y negro convencionales, gracias al siempre encomiable trabajo recopilatorio de Ian Grant. Doy por sentado que este proceso, pensado y tramado por Orwo para sus propios negativos, ha de ser adaptado de alguna manera para la película de nuestra elección. El documento original, en su versión de 2010, está disponible en este enlace (PDF, en inglés). He hecho un par de pruebas rápidas aprovechando trozos de película, pero algo he tenido que hacer mal con el revelador propuesto porque el resultado no ha sido consecuente con la calidad general que esperaba. Quizás en algún futuro lo vuelva a probar.

En alguno de los intentos oficiosos intenté utilizar como revelador el asequible y universal D-76, pero el resultado obtenido fue bastante malo: creo que fue un error trabajar con él. Claro que pudo no ser culpa del revelador sino mío al realizar mal los pasos de blanqueado y aclarado; igual haciéndolo ahora, una vez ya tengo algunos tiempos meridianamente controlados, con D-76 también se consiguen resultados. He encontrado algún reporte en internet sobre procesos basados en él y terminados con éxito —algo que siempre es subjetivo—. En cualquier caso, utilizar otra vez D-76 en este proceso no está dentro de mis planes.

Otro revelador en liza es el Kodak D-19. Este revelador es el que se utilizaba —siempre según las vaporosas fuentes de internet— para positivar las películas en Hollywood hace bastantes años. Más allá del glamour que alguien pueda interpretar que se desprende de esta afirmación, parece ser que el D-19 funciona muy bien y que cumple esa función de primero sin diluir y luego diluido que, por mor de los costes y la comodidad de quien tanto se enreda preparando reveladores, al nivel en que nosotros nos movemos debe cumplir un revelador.

Me hace ilusión procesar unas placas que tengo de Tmax 100 como blanco y negro inverso; las diapositivas resultantes deben ser relativamente espectaculares si se terminan bien. He de idear cómo lo hago para probar las placas en lo que a tiempos y cantidades de blanqueador se refierei; estoy en ello.

A dónde me lleva todo esto

Hay resultados, pero estos resultados son muy mejorables. He de trabajar más en cómo exponer la película —la primera y esencial exposición: la que se hace con la cámara— calculando un IE adecuado basado en el rendimiento de la Fomapan 100 y, asimismo, afinar los tiempos del proceso.

La diapositiva no tiene mucha lógica si no se dispone de un sistema de proyección —como nota al margen, en una reciente entrevista publicada en Photoscala a Hans Hartje (HTML, en alemán), gerente de DHW Fototechnik GmbH, a raíz de Photokina 2014 se puede leer que los proyectores para paso universal y formato medio siguen en producción y están disponibles—. La probable mayor facilidad en el escaneado —para aquellos que buscan una salida hacia lo digital— no justifica el incremento de trabajo y de peligrosidad física que supone el revelado inverso respecto el revelado normal. Pero he pensado que quizás, si los resultados son buenos, es posible que una serie de fotos familiares de aquellas que se toman en vacaciones y que dificilmente se pasan a papel por su banalidad o falta de interés relativo, puede ser que sea buena cosa positivarlas. Quizás. Es posible. Puede ser.

Gracias por estar ahí.

Intercambio de fotografías: nueva edición

Hola a todas y todos.

Con el envío a Caernarfon, País de Gales, hace un par de días mediante Correos de mi copia fotográfica, he concluído mi participación en una nueva ronda del intercambio de postales del foro FADU, la sexagésimo quinta, por lo que ya puedo presentaros de forma oficial —do ut des, ¡arriba esas trompetas!— las dos fotografías en las que he tenido algo que ver: una, la que he recibido y dos, la que he enviado.

Respecto la fotografía que he recibido, decir que se trata de una bonita imagen que Andrew Rothery, miembro del Yorkshire Monochrome Group, tomó en el noreste de Gran Bretaña, exactamente en Robin Hood's Bay, North Yorkshire. El YMG podría ser definido como un grupo fotográfico transversal, en el sentido en que su fin fundamental son las fotografías en blanco y negro independientemente del medio utilizado para obtenerlas —procesos alternativos, químicas, digitales…—. Si navegáis un poco por su sitio web encontraréis numerosos buenos ejemplos, ya os digo: siempre en blanco y negro, realizadas por algunos de los miembros del grupo.

De la toma recibida tengo pocos datos técnicos, a excepción que fue tomada usando un objetivo 1.4/35mm Summilux engastado en una Leica M3 y que la película era la desaparecida Kodak Plus-X (PDF, en inglés) revelada en Rodinal 1+50. Este Summilux es para mí un objetivo fetiche —como tantas otras cosas relacionadas con el mundo telemétrico—, un objetivo que seguramente nunca poseeré, por lo que tener un ejemplo en papel de cómo trabaja tiene para mí un algo, una inesperada amalgama de sentimientos con olor a tinta.

Sin enrollarme más, os dejo la foto de Andrew.

Imagen externa

 

Respecto la fotografía que he enviado yo, una toma hecha con la Agfa Isolette —es decir: en formato cuadrado ó 1:1— con un buen recorte que ajuste la idea a las dimensiones del papel —18×24 cm. ó 1:1,33—; comentaros lo correcto que se ve el acabado del negativo en cuanto luces, sombras y densidad, pero lo mucho que me ha costado positivarlo.

Mi corto recorrido por el mundo de la Fotografía acepta una primera división basada en los reveladores que he usado hasta ahora: podemos hablar de la era prePyrocat y de la era posPyrocat. ¿Y por qué? porque con el Pyrocat, un revelador del que, desde mis modestos conocimientos, sólo puedo decir maravillas, los negativos tienen un acabado ideal para ser ampliados en mi Meopta Opemus 7. Tanto es así que he podido reducir las tiras de pruebas e, incluso, positivo muy fácilmente y con excelentes resultados en el Fomalux SP 111, un papel cálido de grado fijo. Creo que puedo asegurar que el Pyrocat, en su versión «HD», es un revelador que ayuda mucho a los que sabemos poco.

Y esto, ¿qué tiene que ver con la foto que os presento? Pues tiene que ver que este negativo fue revelado con ID-3, un preparado de sólo Metol formulado por Ilford con la intención de obtener un revelador suave y con gran detalle en sombras y que se resguarda en dos partes separadas que se mezclan entre ellas y con agua justo antes de revelar.

Todos los clisés de este rollo de FP4+, todos revelados con ID-3, claro, son difíciles de positivar. ¿Por qué? Ni idea, pero eso es lo que hay. El ID-3 es en mi línea de evolución un revelador prePyrocat… y ahí se va a quedar.

Bien. La exposición bajo la ampliadora de los edificios que véis atrás casi casi en blanco ha tenido que ser de dos pasos más con el filtro #00 de lo que ha necesitado las bicicletas, mientras que a la hora de subir los negros mediante el filtro de contraste #4 el tiempo de exposición ha sido de medio paso más. Han sido muchas tiras de prueba y, finalmente, doble filtrado con cinco reservas o quemados y diferentes tiempos para cada uno de los filtros: todo un récord para mí.

Y ya sin más os dejo con la fotografía. A mí personalmente me gusta el resultado. Casi todo es siempre mejorable, pero la foto final está bien teniendo en cuenta los gustos del destinatario —que los voy conociendo y empiezo a saber de qué pie cojea—. Ni qué decir que en papel luce bastante más.

Imagen externa

título   —   Rent-a-bike
película   —   Ilford FP4+
formato   —   6×6
objetivo   —   Apotar 4.5/85mm
diafragma   —   f/8
tiempo exposición   —   1/100 seg.

 

revelador película   —   ID-3 (dil. 1+1+6)
tiempo de revelado   —   15 min. 00 seg. a 20°

 

papel   —   Ilford RC MGIV (MG4RC44M)
revelador papel   —   GAF 120 (dil. 1+2)

 

situación geográfica   —   Valencia ciudad

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Gracias por leer.

¿Imprimiría yo esa fotografía?

Hola a todas y todos de nuevo.

Ultimamente, cada vez hago menos fotos. No sé muy bien por qué —tampoco es que me haya vuelto tan exquisito, no os vayáis a pensar—, pero la realidad es que en todo el verano apenas habré expuesto ocho o diez fotografías con la Rolleicord si exceptuamos el rollo que tiré para el postrer intercambio de postales del foro FADU, las placas de cuatro por cinco pulgadas que obtuve de mi última visita a la casa de huerta que Fran tiene en Villajoyosa —ya os las enseñaré en otra entrada— y, eso sí, los muchos rollos de Fomapan con los que estoy intentando obtener diapositivas en blanco y negro, asunto con el que estoy ya durante todo este mes de Septiembre y que me tiene algo desquiciado.

La razón de tan pocas fotografías, si es que acaso hay que buscar alguna, se puede deber a que cada día tengo más formada la opinión de que, más allá de un simplista modo amateur, casi siempre es innecesario exponer un clisé si no hay un fin para ello. No, no soy un talibán: dejadme que os cuente.

Un día a mediados del pasado mes de Junio, por poner un ejemplo reciente, aprovechando que tenía un par de horas muertas salí a pasear un rato con la intención final de dirigirme a la Biblioteca María Moliner, alojada en el antiguo pero muy acertadamente restaurado hospital San Juan de Dios, en Orihuela, y que arquitectónicamente da el juego de unas paredes muy blancas y prácticamente lisas, un pequeño patio central dispuesto como un sencillo y austero claustro, con una fuente en medio y un tejado que, visto desde dentro del edificio, ofrece la visión de unas poderosas vigas de madera y la perspectiva de su altura.

Yendo hacia la bilioteca, pasando por la glorieta Gabriel Miró, en una calurosa y soleada mañana, había un hombre de color paseando con su hija junto las escalinatas del viejo quiosco, edificio destinado a la actuación de las bandas de música construído en… —por ser internet como es, hay diferentes fechas en cuanto a cuándo se construyó ese templete o pabellón, yendo éstas desde finales del siglo XIX a la década de los 20 ya en pleno siglo XX; y yo no sé cuál es la verdadera o ni tan siquiera la más atinada—. El asunto es que había en aquel lugar una composición que daba seguramete mucho juego fotográfico. Desde la distancia, al ver el motivo y la posible composición, me planté hacer la foto. Pensé en acercarme con tranquilidad intentando no estropear el momento y exponer. Medí la luz desde la distancia, justo desde el sitio en que fui asaltado por la idea de hacer la foto, tramé dos otres posibles encuadres… y entonces, involuntariamente, de manera refleja me pregunté: ¿imprimiría yo la foto resultante?

Imagen externa

Kiosco en la Glorieta Gabriel Miró, Orihuela

La verdad es que no, de ninguna manera, porque aquel hombre que paseaba por allí plácidamente con su hija en brazos no era nadie para mí y no veía ningún sentido a tener una foto en la cual él fuese el protagonista. Entonces, si tengo claro que no la voy a imprimir, ¿para qué voy la voy a exponer? Y no estoy apelando al coste económico del cliché —quien quiera comprar relativamente más barato, puede comprar Foma a muy buen precio y podrá despreocuparse en buena medida del coste de la imagen—: yo hablo del motivo de la fotografía, del negativo como medio y no como fin.

Puedo ser algo radical en mi planteamineto, lo sé, pero para mí es un fuerte planteamiento cargado de lógica y de razón teniendo siempre en cuenta mi objetivo final: tener una foto positivada en papel.

Quizás aquellos que prefieren la digitalización como destino final de las imágenes no tengan tanto reparo —o escrúpulos— en tirar película, en un flujo de trabajo tendente más a lo digital —por no discriminar a la hora de obturar y por la muy probable falta de criterio en el sujeto de la toma— que a lo químico.

Imagen externa

Sala infantil biblioteca María Moliner, Orihuela

Imagen externa

Interior biblioteca María Moliner, Orihuela

 

¿Qué sentido tiene exponer un negativo si no sentimos el motivo, si no somos capaces de imaginar un posible resultado final para aquella escena que se muestra frente a nosotros?

Luego me sobrevino la posibilidad de escribir sobre esto mismo e hice la fotografía para ilustrar la entrada, con el resultado que podéis ver arriba.

Gracias por leer.

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